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Personas y ambientes tóxicos

Si bien es cierto que el concepto del “bien” y del “mal” es relativo dependiendo del observador que lo analiza, también es de justicia admitir que en determinados momentos de la vida nos topamos con ciertos lugares y personas que hacen que se nos pongan los pelos de punta y nos llenen de una sensación de incomodidad y nerviosismo.
Por otra parte, debemos admitir que, aunque todos los seres humanos provienen de la Luz, algunos proyectan tan fuertemente sus sombras que no es difícil percibir cierta percepción de inarmonía y negatividad cuando se encuentran cerca ya sea con sus palabras, sus gestos, sus actos o su simple presencia. Lo más perturbador es que este tipo de personas son capaces de transmitir ondas de mal rollo, aunque su sonrisa aparente dulzura y sus palabras intenten ser de cordialidad.
Nuestra energía proyecta de forma continua e inconsciente nuestro estado interior a todos los lugares que visitamos. En determinadas ocasiones, dicha carga de densidad es tan elevada que lo único que podemos hacer, sino deseamos una enfermedad o bloqueo, es alejarnos de inmediato y cuanto más mejor de ese foco de problemas y tormentas.
Evidentemente no hablamos de alguien que pasa por una mala etapa, una tristeza transitoria provocada por un golpe en la vida o alguien que simplemente tiene un mal día. Nos referimos a la gente tóxica, que parece disfrutar del mal ajeno y que se engrandece ante las desgracias de los demás. Personas que después de años sigue reuniéndose con otras cuyo único tema de conversación es destripar precisamente al que no está y al que hace tiempo los olvidó y continuó con su vida (o lo intenta). Este tipo de personas atrapadas en sus propias maldades tienen complejo de cobra y escupen sus frustraciones e infelicidad en forma de veneno, esparciendo desechos allá donde van.
Aunque en muchas situaciones dichos lugares o personas tóxicas forman parte de la familia o el entorno laboral, hay que construir una barrera de protección entorno a nosotros mismos para evitar contaminarnos para que a base de su presencia e influencia, no acaben apagando nuestro brillo y arrastrados hasta su pozo.
Nuestra vida y nuestra salud es demasiado valiosa como para desgastarla en personas que sólo desean contaminar y destruir usando una doble cara como disfraz. A ese tipo de personas sólo se las puede ayudar cuando lo desean y para ello primero deben ser conscientes de todo el daño que han hecho y del verdadero motivo de sus actos, que no suelen ser nunca objetivos nobles (envidia, venganza, ira, desprestigiar, criticar, perjudicar, hundir, infravalorar…)
Intenta en la medida de lo posible no apagar el fuego con fuego. No caigas en la provocación de aquellos que disfrutan viéndote fuera de sí, sé cómo un templo, respira hondo, sonríe y transmite toda la paz de tu interior. Compadécete de aquellos que por donde van sólo dejan malas palabras, llantos y ofensas porque cuando el Karma venga a recoger su tributo, lo pagarán con el mayor de los sufrimientos hasta que comprendan todo el dolor causado.
Alguien dijo un día: “Nunca discutas con un imbécil, te hará bajar hasta su nivel y te ganará por experiencia.”
Si alguien pide ayuda debemos ayudarlo en todo lo que podamos y así es como siempre debería ser, sin embargo, si intentas ayudar a alguien que no te lo ha pedido y que parece sentirse cómodo entre las sombras, entonces estás creando un pulso cuyo esfuerzo y gasto de energía serán demasiado grandes y los resultados demasiado pequeños.
Aprende a mantener las distancias con aquellos que tan sólo ven sombras donde hay luz, aquellos que recogen sólo las miserias entre las flores y aquellos que sólo te recuerdan lo poco que vales y lo mal que haces las cosas porque en el fondo no te lo dicen a ti, se lo dicen a sí mismos en voz alta como si hablaran con un espejo, dialogando ferozmente con sus propios demonios internos.
¡Feliz vida!

Por Denis Astelar
academiahermes.com

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